Estimados amigos,
Frente a los lamentables hechos que hemos sufrido como país, lo que más duele sin duda es darnos cuenta de la destrucción valórica de nuestra sociedad y de que hemos fallado en la educación moral de al menos dos o tres generaciones, algo que ya veníamos viendo con la pérdida del respeto por nuestros profesores, pero que no habíamos aún dimensionado. No cabe duda alguna que la reconstrucción de nuestra infraestructura se hará a corto y mediano plazo, esperanzados en que aprendamos de los errores, incorporando los estándares adecuados a nuestra calidad de país sísmico. Sin embargo la reconstrucción valórica de nuestra sociedad es una tarea titánica que no podemos eludir ni dejar de reconocer y nos obliga a replantearnos como sociedad: este terremoto nos ha golpeado en lo más profundo y este tipo de reconstrucción nos tomará más que 5 ó 10 años….
Si miramos el pasado de nuestra patria y observamos el comportamiento de nuestros padres y abuelos en terremotos anteriores, vemos que en ellos afloraban los sentimientos más nobles del ser humano, ayudándose unos a otros, transformando al país en una gran familia. Los robos existían, pero eran la excepción. Ahora hemos visto con pavor y asombro cómo nuestros compatriotas se han unido para saquear el comercio e incluso a familias, quemando y haciendo desmanes, distrayendo los grandes esfuerzos que realizan bomberos, militares, carabineros y voluntarios, con el único fin de continuar apropiándose de lo que no les pertenece, y que en muchos casos ni siquiera son alimentos.
Deben estar aburridos de escuchar lo mismo todos estos días, sin embargo quiero detenerme en algo que dijo Amaro Gómez-Pablos, periodista nuestro que ha vivido en el alma la catástrofe humana que ha presenciado a lo largo de la costa de nuestras regiones más afectadas: “Nuestra dignidad está en el campo”, señaló muy emocionado al ver como nuestros campesinos y pueblerinos aún atesoran los valores más nobles del ser humano. Es hora que miremos al campo, que aprendamos de su gente, que rescatemos sus enseñanzas a ver si logramos que estas generaciones deterioradas en su integridad moral, puedan enmendar su camino.
Espero que cada uno de ustedes y sus familias se encuentren muy bien.
Afectuosamente,
Paula Mujica.