Los promotores de los transgénicos (compañías biotecnológicas) afirman que la aplicación de la ingeniería genética para el desarrollo de los cultivos transgénicos aumentará la productividad de la agricultura mundial, asegurará la seguridad alimentaria y liberará a los agricultores de la dependencia de los insumos agroquímicos ayudando a reducir los problemas ambientales. Este documento refuta esas afirmaciones, demistificando el punto de vista malthusiano de que el hambre se debe a la brecha entre la producción de alimentos y el crecimiento de la población. Segundo, exponemos el hecho de que los actuales cultivos transgénicos no fueron generados para aumentar los rendimientos o para la pequeña agricultura. Además los cultivos OGM presentan serios riesgos ambientales, constantemente subestimados por la industria biotecnológica. Finalmente se concluye que hay muchas otras alternativas agroecológicas que pueden resolver los problemas agrícolas que la biotecnología pretende resolver. Y que lo harían de una manera más equitativa socialmente y más armoniosa en términos ambientales.
Las compañías biotecnológicas a menudo sostienen que los organismos modificados genéticamente (OMG) – específicamente las semillas alteradas genéticamente – son descubrimientos científicos esenciales y necesarios para alimentar el mundo, proteger el ambiente y reducir la pobreza en países en desarrollo. Esta opinión se apoya en dos supuestos que cuestionamos. El primer es que el hambre se debe a la brecha entre la producción de alimentos y la densidad de la población humana o tasa de crecimiento. El segundo es que la ingeniería genética es el único modo (o el mejor de incrementar la producción agrícola y, por tanto, enfrentar las necesidades alimentarias futuras.
Nuestro objetivo es cuestionar la idea de que la biotecnología es la solución mágica a todos los males de la agricultura, mediante la aclaración de conceptos erróneos relacionados con estos supuestos implícitos.
Estas áreas de riesgos son las siguientes:
La teoría ecológica predice que la homogenización a larga escala del paisaje rural con cultivos transgénicos agravará los problemas ecológicos ya asociados con el monocultivo en la agricultura. La expansión no cuestionada de esta tecnología en los países en desarrollo es adecuada e inaceptable. La rica diversidad agrícola de muchos de esos países no debería ser inhibida o reducida por monocultivos extensivos, especialmente cuando las consecuencias de hacerlo acarrean graves problemas sociales y ambientales (Altieri, 1996).
Aunque el tema de los riesgos ecológicos ha sido discutido en alguna medida en círculos gubernamentales, internacionales y científicos, las discusiones frecuentemente han estado caracterizadas por una perspectiva estrecha que ha minimizado la seriedad de los riesgos (Kendall et al. 1997: Royal Society 1998). De hecho los métodos para la evaluación de los riegos de cultivos transgénicos no están bien desarrollados (Kjellsson y Simmsen, 1994) y existe una preocupación justificable de que el actual campo de pruebas de bioseguridad dice poco acerca de los riesgos potenciales ambientales asociados a la producción a escala comercial de cultivos transgénicos. Una preocupación principal es que las presiones internacionales para ganar mercados y ganancias tienen como resultado la liberación demasiado rápida de los cultivos transgénicos por las compañías transnacionales, sin la apropiada consideración por los impactos a largo plazo en las personas o el ecosistema.
8. Hay muchas preguntas ecológicas sin respuesta con relación al impacto de cultivos transgénicos. Esto es crucial ya que muchos resultados que surgen del comportamiento ambiental de los cultivos transgénicos liberados sugieren que en el desarrollo de “cultivos resistentes”, no solo es necesario probar los efectos directos en el insecto objetivo o maleza, sino también debería examinarse los efectos indirectos en la planta (por ej. crecimiento, contenido nutritivo, cambios metabólicos), suelo y organismos que no son objetivo. Desafortunadamente, los fondos para la investigación sobre evaluación del riesgo ambiental son muy limitados. Por ejemplo, el USDA gasta solamente 1% de los fondos asignados a la investigación biotecnológica sobre evaluación de riegos, alrededor de US$ 1-2 millones por año. Dado el actual nivel de despliegue de plantas de ingeniería genética, tales recursos no son suficientes para incluso descubrir la “punta del iceberg”. Es una tragedia en desarrollo que tantos millones de hectáreas hayan sido plantadas sin adecuados patrones de bioseguridad. La contaminación genética, a diferencia de los derrames de aceite, no puede ser controlada, por tanto, sus efectos serán permanentes e irreversibles. Como en el caso de los plaguicidas prohibidos en los países del norte y aplicados en el sur, no hay razón para asumir que las corporaciones biotecnológicas asumirán los costos ambientales y de salud asociados con el uso masivo de cultivos transgénicos en el sur.
9. A medida que el sector privado ha ejercido más y más control en la promoción de nuevas biotecnologías, el sector público ha tenido que invertir una mayor proporción de sus escasos recursos en incrementar las capacidades biotecnológicas en instituciones públicas y en evaluar y responder a los retos planteados por la incorporación de estas tecnologías del sector privado en los sistemas agrícolas existentes. Estos fondos se podrían usar mucho mejor destinándolos a aumentar el apoyo a la investigación en la agricultura ecológica, ya que todos los problemas biológicos a los que apunta la biotecnología pueden ser resueltos utilizando métodos agroecológicos. Los notables efectos de las rotaciones de cultivos y de la siembra de cultivos compañeros en la sanidad y rendimiento de la cosecha, al igual que del uso de agentes de control biológicos en la regulación de plagas, han sido confirmados repetidamente por la investigación científica. El problema es que la investigación en instituciones públicas refleja cada vez más los intereses de las instituciones financieras privadas en perjuicio de la investigación independiente a nivel público en asuntos como control biológico, sistemas de producción orgánicos y técnicas agroecológicas en general. La sociedad civil debe solicitar más investigación por universidades y otras organizaciones públicas sobre las alternativas a la biotecnología (Krimsky y Wrubel, 1996). Existe también una necesidad urgente de oponerse al sistema de patentes y derechos de propiedad intelectual propiciado por la Organización Mundial de Comercio (OMC) que no solamente les da a las corporaciones multinacionales el derecho apropiarse de recursos genéticos y patentarlos, sino también acelerará la tasa con que el mercado estimula el monocultivo con variedades transgénicas genéticamente uniformes. Sobre la base de la historia y la teoría ecológicas, no es difícil predecir los impactos negativos en la salud de la agricultura moderna de este tipo de equivocado razonamiento ambiental (Altieri, 1996).
10. La mayor parte de los alimentos que se necesitan pueden ser producidos por los pequeños agricultores utilizando tecnologías agroecológicas (Uphoff y Altieri, 1999). De hecho, los nuevos enfoques de desarrollo rural y el uso de las tecnologías apropiadas y de bajo insumo adoptadas por agricultores y ONGs en el mundo, están haciendo ya una contribución significativa a la sanidad y seguridad alimentaria a niveles locales, nacionales y regionales en Africa, Asia y América Latina (Pretty, 1995). Se han alcanzado aumentos de rendimiento al utilizar enfoques tecnológicos basados en principios agroecológicos que ponen el énfasis en la diversidad, la sinergia, el reciclaje y la integración; y los procesos sociales que destacan la participación y el empoderamiento de la comunidad (Rosset, 1999). Cuando tales características son optimizadas, se logra el incremento del rendimiento y la estabilidad de la producción, al igual que una serie de servicios ecológicos tales como la conservación de la biodiversidad, la rehabilitación y conservación del suelo y agua, y se mejoran los mecanismos de regulación natural de las plagas, etc. (Altieri et al, 1998). Estos resultados son un punto de partida para lograr alimentos sanos y seguros y para la preservación ambiental en el mundo en desarrollo, pero su potencial y futura extensión depende de inversiones, políticas, apoyo institucional y cambios de actitud por parte de los tomadores de decisiones en políticas públicas y la comunidad científica. La falta de estimulo a esta investigación agrícola centrada en el pueblo, debido a la desviación de los fondos que se dirigen solo a la investigación especializada en biotecnología, desperdiciará una oportunidad histórica de elevar la productividad agrícola a través de métodos socialmente justos, ambientalmente sostenibles y económicamente viables.
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Autores:
Miguel A. Altieri University of California, Berkeley
Peter Rosset Food First/Institute for Food and Development Policy
Octubre 1999.